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La vida siempre sabe más

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Uno de mis lemas favoritos por propia experiencia es “La vida siempre sabe más” sencilla expresión que significa recordar que formamos parte de un sabio y experto tablero que apenas se visualiza en la parte mínima de toda su extensión. Ésta de forma fluida nos suministra en mayor proporción lo que necesitamos más que lo deseado, porque entiende y conoce los requerimientos para nuestra evolución y expansión. Anhelamos un sin fin de cosas para nuestra vida que nos proporcione bienestar emocional, económico y que derivan en estabilidad, puntos totalmente válidos. No obstante existen otros elementos que implican para el ser humano no solo tenencias, sino también el sentirse útil, el que su actividad económica este enlazada a sus talentos y pasiones, la construcción de un legado, que su actividad personal agregue valor a otras vidas. Aspectos que definitivamente reflejan realización y satisfacción dentro de lo intangible.

Los seres humanos en general vamos por la vida deseando controlar todo, mientras menos variantes se nos presenten mejor nos sentimos; nada que signifique movernos de nuestra zona de confort, donde la incertidumbre permanezca bajo llave y tengamos garantías en la mayoría de los casos o en todos. Ese es el escenario ideal del ser humano, más no el mismo en el que la vida se desenvuelve y de la que formamos parte. La vida no tiene garantías, la incertidumbre y los cambios son alimentos de su plato principal.

Cuando estamos ante circunstancias importantes la aprensión se apodera de nosotros, sentimos que un terremoto sin aviso nos traslada del tan ambicionado seguro lugar a espacios desconocidos.  Pensamos que lo que sabemos es todo lo que necesitamos y a causa de esto creamos conductas repetitivas propias de una mentalidad de temor y en consecuencia cualquier cambio pone en crisis nuestro sistema de creencias. Nos sentimos expuestos y vulnerables, se nos dificulta manejarnos y olvidamos con gran facilidad que este es el juego de la vida y nosotros una de las piezas del tablero.

Comprender el lenguaje de la vida, nos facilita danzar en un flujo de entradas y salidas, de tomar y soltar, de dar y recibir, de inhalar y exhalar por movimiento natural, permitiendo que los cambios se expresen y las lecciones que conlleven hagan su trabajo. La vida sabe tanto que observa permanentemente si apuestas por ti en momentos de tomar decisiones, si en vez de preguntarte con resistencia ¿cómo voy a lograrlo? confías en su sabiduría y resguardo, está atenta a que des el necesario primer paso para acudir a tu encuentro y apoyarte. Si estamos dispuestos a hacer lo necesario y comprometernos con lo que realmente deseamos.

La vida no entiende de arrogancias y competencias, solo ama y se expresa con tal naturalidad que nos cuesta comprender que términos como lucha no se reflejan en su diccionario pero si en el nuestro, es una enamorada de la acción. Nos pide asombro y ser un canal receptivo ante todo lo que tiene por dar. Ama el cambio, la transformación y el misterio porque es su esencia misma.

Conocer y aceptar como está configurada la vida, nos reconcilia y otorga el reconocimiento necesario de donde estamos, lo que hemos vivido y conforma nuestra historia. Tiene el dominio de todo aquello que ignoramos, y está al tanto que el concepto que tenemos sobre nosotros mismos es lo que ha tergiversado la forma como la percibimos.

Si no te gusta el rumbo que lleva tu vida, revisa los conceptos que tienes de ti,  porque ésta que siempre sabe te lo mostrará constantemente.